Milei en la era del gobierno de Milei: relojes y nubes

Todo gobierno debe ofrecer resultados, el gobierno democrático aún más. Ofrecer resultados puede traducirse, grosso modo, como capacidad para resolver problemas. Sin embargo, hay una enorme variedad de estos. Voy a presentar un binomio tipológico y, luego, quisiera arribar a algunas conclusiones sobre cómo el actual gobierno lleva adelante la gestión política de los problemas.

El gran Karl Popper dictó, en 1966, una conferencia que llevaba por título “Sobre nubes y relojes” (Of Clouds and Clocks). Esta metáfora sobre los relojes y las nubes le sirvió a Popper para presentar dos tipos ideales antagónicos de problemas. El primero, el tipo reloj, resulta en un problema regular, ordenado y altamente predecible: casi se podría formular como de relaciones causales limpias y nítidas. El segundo, el tipo de las nubes, por el contrario, resulta volátil, desordenado, irregular e impredecible. Un par de años más tarde, hacia fines de los años sesenta del siglo pasado, Horst Rittel —especialista alemán en diseño— acuñaba el concepto wicked problem (problema retorcido). Con Melvin M. Webber, seis años más tarde, publicaron un trabajo cuya consecuencia resultó seminal para el ámbito de las políticas públicas. Se podría decir que los problemas retorcidos (aquellos que atormentan a los ciudadanos y desvelan a los hacedores de políticas) se inscriben en la tipología “nubes”, aunque abren, para los más optimistas, la posibilidad de encontrar resoluciones imaginativas a los asuntos complejos e impredecibles. De más está decir que los problemas que dominan la atención de las ciencias sociales son de tipo retorcido: pobreza, desigualdad de ingresos, desempleo, salud pública, educación, más un largo etcétera. 

            Sin embargo, un gobierno no es votado para que tome el té en la Torre de Marfil (turris eburnea) de la ciencia; se constituye legítimamente (consentimiento electoral mediante) para que enfrente los problemas, sean estos de tipo reloj o nube. El ingenio o astucia de un gobierno no consiste en intentar resolver todos los problemas, sino en saber elegir qué problemas puede solucionar. Un gobierno, sabiendo que no puede gobernarlo todo, elige sobre qué gobernar. En ese sentido, el actual gobierno ha elegido: presenta el superávit fiscal como la solución a los problemas de “decadencia” argentina.

            El problema se ha presentado en una secuencia: primero, saneamiento fiscal (redimensión del Estado, eliminación de privilegios de la “casta”, entre otros asuntos medulares); segundo, eliminación del déficit (racionalización y reducción del gasto); y, tercero, obtención del superávit fiscal (lo que conlleva a una reducción de impuestos). El problema que promete resolver el gobierno se presenta como regular, ordenado, predecible, es decir, del “tipo reloj”. Podría suponerse, en efecto, que el gobierno sabe que en temas vivenciales cada uno de los públicos de la opinión pública no requiere confrontar o asir cadenas causales, mientras que sí requiere de cadenas causales en aquellos donde no pueden echar mano de su propia experiencia. Y, por tanto, la dupla “déficit fiscal/fracaso argentino” y “superávit fiscal/bienestar” requiere, para el gobierno, ser presentada como predecible. Ya sea porque lo es o porque el gobierno pretende tener la capacidad de reducir un problema tipo “nube” en uno tipo “reloj”, el presidente no se cansa de machacar sobre el asunto. A tal punto su insistencia que afirma que el superávit fiscal no es negociable.

            Si el gobierno tiene éxito la ciudadanía percibirá que la estrategia tipo “reloj” no sólo era adecuada, sino que funcionará como un catalizador para futuras decisiones gubernamentales. Si fracasa, en cambio, no tendrá posibilidades de plantear un Plan B. Resulta crucial afirmar, para concluir, que en un escenario malogrado lo simple y nítido no puede reemplazarse por lo complejo. 

Nota: publicada originalmente el 29 de marzo de 2024 en Ámbito Financiero