Biometría y bienestar

Para que las imágenes satelitales comiencen a mostrar territorios es preciso que los humanos comiencen a moverse. La estrategia epidemiológica utilizada para enfrentar la actual pandemia hace que su éxito resida en una paradoja. Mientras más larga la cuarentena, más dilatada será la vuelta al movimiento. Se alarga, así, este juego de la escondida contra el virus, hide and seek que contraviene la habitual disposición a ser contagiados para que eso mismo nos vuelva inmunes.

Así las cosas, la salida del encierro será por goteo. Todos los gobiernos, junto a sus expertos, convergen en este asunto: la salida del encierro será mediante una combinación de testeos y registros masivos de anticuerpos aunado a inmunizaciones sociales por estratos o capas (cuyo reverso es la continuidad de la cuarentena para grupos que se presuponen vulnerables). Los expertos nos están diciendo que el movimiento humano será lento, secuencial, jerarquizado, supervisado, controlado, pero -fundamentalmente- cibervigilado.

El pasaje de los mapas a los territorios, esta especie de -si se nos permite el giro- nuevo repoblamiento, será diverso y sujeto a múltiples restricciones, reflejando, así, la pluralidad de las instituciones y liderazgos políticos que lo lleven a cabo. También dependerá de los atributos de la población humana que se empezará a mover.

Es difícil predecir cuánto se parecerá la salida de la cuarentena de Hong Kong con la de Alemania, la de Italia con la de España, la de México con la de Argentina. Lo que sí podemos hacer ahora es narrar y describir lo que se está haciendo (por ejemplo, los brazaletes sanitarios en Hong Kong), lo que algunos planifican hacer (como los pasaportes sanitarios en Alemania y Reino Unido) y lo que muchos apuestan a hacer, asumiendo el riesgo inherente a toda apuesta. Verbigracia, los registros biométricos. Vale aquí detenerse.

Aunque todos los gobiernos coincidan en que los testeos de anticuerpos e inmunizaciones sociales, por estratos o capas, son y serán las herramientas disponibles para convivir con la circulación del virus hasta tanto dispongamos de una vacuna, no todos podrán sacar el máximo provecho de aquellas herramientas.

Algunos no tendrán los recursos para realizar testeos masivos de anticuerpos, otros no tendrán los sistemas de inteligencia artificial y Big Data disponibles para manejar eficientemente grandes volúmenes de datos y procesar información en tiempo real. Muchos gobiernos no tendrán ni lo uno ni lo otro, por lo que llevarán a cabo la salida de la cuarentena de manera intuitiva, con datos parciales y desfazados, ensayando y cometiendo muchos errores. Para decirlo brutalmente: muchos países saldrán de la pandemia del siglo XXI con métodos propios del siglo XIX. Es fácil advertir que eso ocurrirá en América Latina.

Pero los países que marcarán el rumbo serán aquellos que sí pueden echar mano de testeos masivos de anticuerpos y de potentes sistemas de inteligencia artificial. Sus respuestas trazarán un camino de desarrollo tecnológico en germen que, quizá, no tenga marcha atrás. Resulta muy interesante observar cómo empresas y organizaciones sin fines de lucro están (re)orientando vertiginosamente las actuales tecnologías biométricas para dar una solución inmediata y eficaz a la cuestión de la inmunización y de la identificación personal.

Organizaciones sin fines de lucro como iRespond y Simprints, vinculadas desde hace algunos años a la provisión de soluciones tecnológicas ante el problema del Identity Gap (es decir, cómo cerrar la brecha en el acceso al derecho humano a la identidad) y de registros biométricos en los campos de refugiados, están trabajando en el desarrollo de registros biométricos fiables que garanticen zonas de movilidad segura. Para ello, eslabonan registros biométricos tradicionales con los resultados de los test de anticuerpos generando espacios libres de presencia de virus, intentando describir grandes volúmenes de desplazamiento.

Para países que no pueden hacer testeos masivos existe una propuesta tal vez menos eficiente, pero disponible como estrategia de identificación de contagiados para su posterior aislamiento. Las empresas ZKTeco y Zhejiang Dahua Technology, con presencia en América Latina, ofrecen censores biométricos que operan a distancia. Incluyen reconocimiento facial y toman la temperatura sin contacto con el cuerpo, lo que permitiría supervisar grandes volúmenes de tránsito y movimiento humano de manera más eficiente que los retenes policiales aleatorios, con su verificación de certificados en soporte físico.

Resulta imposible saber cómo saldremos de esta cuarentena. Siempre lo por venir ocasiona miedos e incertidumbre, pero las circunstancias actuales no permiten predecir demasiado porque nunca habíamos partido de las mismas condiciones. Los modelos explicativos y predictivos del pasado estuvieron basados en un mundo totalmente distinto. Sin embargo, sí disponemos de nuevas herramientas y lo que es un hecho es que muchas empresas, organizaciones y gobiernos están apostando al uso creciente de registros biométricos.

Si antes de la pandemia la industria de biometría era prometedora, ahora crecerá a pasos agigantados. Si meses atrás teníamos que probar nuestra identidad, estos días, además, debemos demostrarle al gobierno cuál es nuestro estado de salud. En el nombre del bienestar de todos, cada uno de nosotros tendrá que probar su propio bienestar. Muchas veces en inglés ciertas palabras suenan mejor: al Being sólo hay que agregarle el Well. Pero en ambos idiomas lo humano se desvanece, o tiende a hacerlo, en nombre de la propia humanidad que se pretende salvar.      

Licenciado en Economía, Master en Ciencias Sociales y Doctor en Filosofía. Sus publicaciones recientes abordan diferentes aspectos del funcionamiento democrático, especialmente los referidos a la relación entre los resultados y la calidad democrática. Desde 2013 es investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina.

Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Docente - Investigador: Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Moreno

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