Episodio 2: Estado presente, pero no amigo.

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En más de una ocasión fuiste testigo -y hasta partícipe- de acaloradas discusiones que terminan con la siguiente afirmación: para todo problema, el Estado debe aparecer como una solución.

En este episodio queremos reflexionar sobre esas ideas contradictorias que nos genera la relación 𝙜𝙤𝙗𝙞𝙚𝙧𝙣𝙤-𝙨𝙤𝙘𝙞𝙚𝙙𝙖𝙙.

¿En qué momento dejamos de desconfiar del Estado por el sólo hecho de elegirlo? ¿Vivir en democracia implica dejar absolutamente todo en manos de nuestros representantes? ¿Podemos poner un freno cuando estamos en desacuerdo? ó acaso… ¿Estamos acorralados a vivir del Estado, pero con la pretensión de escondernos de él?

“Estado presente” es una expresión sin lugar a duda vernácula, sin embargo, esperamos a lo largo de esta conversación establecer sus equivalentes o correlatos en las democracias occidentales.

“Estado presente” es una metáfora, un giro catch-all o -si Usted prefiere- un significante vacío. Cabe allí todo a excepción de lo que por definición no puede entrar, es decir, lo que por definición fue excluido. Y aunque esto último parezca tarea fácil, en la realidad no lo es tanto.

Cuando una palabra (en este caso un concepto) no se define es porque resulta conveniente para la persona hablante que cada quién entienda el asunto como mejor le conviene. Y este parece ser el caso.

El asunto del “estado presente” más que describir y delimitar la existencia de un ente, lleva -o conviene que lleve- implícitamente la encarnadura de un movimiento. El “estado presente” parece indicar el movimiento del Estado, es decir, su expansión.

En algún momento de nuestra historia relativamente reciente dejamos de desconfiar del Estado, para abrazarnos a él. Y pretendemos, quizá de manera ilusoria, deshacernos de él a nuestro antojo y conveniencia. Un eufemismo: estamos acorralados a vivir del Estado, pero con la pretensión de escondernos de él.

Y en este sentido aparece un asunto contundente, también caprichoso: para todo problema, el Estado debe aparecer como una solución. Más que como resultado de un diagnóstico, aparece como dogma, como regla incuestionable o como reacción instantánea. Emulando la asombrosa capacidad de observación del presidente Alfonsín: en vez de “un médico por allí”, sería “un poco de Estado por allí, otro por acá” y de a poco la sociedad podría ser devorada o sucumbida por la creciente estatalidad.

En la vieja tradición liberal el Estado queda circunscrito a aquellas actividades que los ciudadanos no pueden hacer, básicamente por falta o ausencia de coordinación. Sin embargo, aquí hay lugar para una paradoja o al menos para que el perro se muerda la cola. Quítele Usted atributos a los ciudadanos y voilà: aparece el Estado. Aumente Usted la presencia del Estado y voilà: hay una disminución de los atributos ciudadanos para resolver sus asuntos. Dicho de otra forma: cuando el Estado se hace grande nunca sabemos si es porque los ciudadanos lo necesitaban o porque si el Estado, previamente, achicó a los ciudadanos.

Este asunto del “Estado presente” puede resumirse como el despliegue sin frontera de una maquinaria redistributiva que impacta de lleno sobre nuestras vidas. A los efectos de ordenar la conversación resulta posible identificar cuatro niveles analíticos, aunque en la realidad estos niveles aparecen entremezclados y, la mayoría de las veces, superpuestos. 

Veamos:

1. Estado y la Igualdad. Aunque rara vez se analiza la cuestión de la igualdad de qué, lo que está en el centro de esta discusión es que el Estado es capaz de mover de un lado a otro de la sociedad “activos” que no son otra cosa que “activos tangibles transferibles”.

2. Estado y criterios de compensación. El ESTADO se arrogó la posibilidad de compensar la falta de activos intangibles intransferibles mediante la entrega de activos tangibles transferibles.

Mientras en (1) hablamos de intervenciones estatales concretas en el marco del debate Estado vs. Mercado (redistribución de tierras, salarios mínimos, control de precios, control sobre la producción, etc.), en (2) hablamos de criterios de compensación por injusticias pasadas o presentes. Por ejemplo, igualdad de oportunidades, discriminación positiva, etc. Hasta aquí en resumen la caracterización del Estado de Bienestar tal como lo hemos conocido.

3. Estado y la política de la identidad. Frente a la frase “soy, aunque no lo sea ante tus ojos” (Avaro en Hambrear a la bestia, alimentar a los ciudadanos) el ESTADO decide generar activos intangibles intransferibles. Aquí algunos ejemplos para ilustrar preliminarmente este asunto.

La República Argentina tiene desde hace varios años la ley llamada Matrimonio Igualitario y la ley de Identidad de Género. En ese contexto a principios del año 2018 un empleado público nacional radicado en la provincia norteña de Salta, Sergio Lazarovich, usufructuando de los beneficios que otorga la ley de Identidad de Género, procedió a cambiarse el nombre y género pasándose a llamar Sergia Lazarovich. Este cambio le reportó un beneficio inmediato: jubilarse (en Argentina al momento de este suceso los hombres se jubilaban a los 65 años, mientras que las mujeres a los 60). Como este asunto se han reportado otros en Inglaterra, Dinamarca y algunos otros países nórdicos. Un primer comentario sería de orden sociológico: ¿Por qué tan pocas personas deciden hacer trampas? En un lenguaje más sardónico: con tan pocos reportes de trampas se puede afirmar que la sociedad es inmune a los tramposos y a las triquiñuelas. Pero ese es un asunto sociológico, el filosófico es distinto. Filosóficamente el asunto recae en la dimensión de la autopercepción de identidad y el reconocimiento posterior, y sobre este asunto volvemos al viejo apotegma de los moralistas franceses: resulta imposible leer en el corazón de las personas. ¿Quién puede probar que “Sergia” sigue siendo “Sergio” y que su único objetivo fue hacerse con la jubilación anticipadamente? El criterio que el Legislador utilizó para distribuir un bien socialmente valioso (identidad y reconocimiento asociado a ella) no está vinculado a ninguna evidencia que deba ser validada intersubjetivamente. Sin embargo, siguiendo con este caso, el Estado argentino ha validado intersubjetivamente la condición de “Sergia”. Otro caso sirve para ilustrar mejor este punto.

Entre 2015 y 2017 el caso Paul Wolscht (hombre, esposo y padre de familia canadiense de 52 años en 2015) ocupó y acaparó la atención de los medios globales de comunicación. El caso de Wolscht es interesante no sólo por las demandas transgénero, sino también por el asunto de trans-edad. Para resumir el asunto, el Estado canadiense autorizó y legitimó que Paul Wolscht se convirtiera en Stefonknee Wolscht (una niña de 6 años en ese momento).  El Estado de Canadá (provincia de Toronto concretamente) se encarga de garantizar la inclusión de la niña Stefonknee mediante sanciones, actos disciplinarios o multas a la transfobia.

Otro caso parecido, que incluye el asunto peculiar -pero también medular- de las identidades trans-especie es el resonado caso del exbanquero Richard Hernández que pone en tela de juicio el asunto de las evidencias intersubjetivas para que el Estado se arrogue la potestad de distribuir un activo intangible que obliga a grupos de ciudadanos “reconocer” lo que no pueden/quieren reconocer.

Otro ejemplo muy distinto puede ilustrar este asunto. No hace falta ser un estudioso de la realidad argentina para intuir que en Argentina no faltan ni los problemas sin solución, ni las soluciones que van en búsqueda de problemas al azar. En 2014 irrumpió en la esfera pública “Sandra” una orangutana que es la primera de su especie en el mundo en ser considerada por la Justicia argentina como “persona no-humana”. La jueza porteña Elena Liberatori le otorgó la categoría jurídica de persona no humana y al hacerlo la orangutana dejó de ser considera una “cosa” y comenzó a ser tratada (jurídicamente) como una persona, con sentimientos, voluntad y con derechos a tener y gozar de sus propios representantes legales. La historia de “Sandra” encaja bastante bien con los nuevos movimientos anti-especismo, pero también con la vieja idea del Parlamento de la Naturaleza.

El movimiento anti-especismo, los movimientos LGTB+ y los movimientos trasn-especie tienen muchos puntos de divergencia, pero confluyen en un mismo asunto: la narrativa de derechos y cómo estos embonan en las políticas de identidad y reconocimiento. Sin embargo, nuestra reflexión aquí no va por este lado. Hay una vasta literatura (sobre todo ligada al feminismo) que indaga y reflexiona sobre el sujeto y su relación con las políticas de identidad y reconocimiento.

Muy por el contrario, nuestra atención se centra en un fenómeno que no está del todo puesto sobre la mesa y que consiste, grosso modo, sobre el tipo de protocolo que está detrás de las anteriores discusiones morales. Entendiendo por protocolo la guía mediante la cual todas las personas ciudadanas podemos apelar para analizar las decisiones públicas que nos competen a todos. Y que obviamente deben dar cuenta de las evidencias intersubjetivas que están detrás de nuestros razonamientos morales. En la actualidad podemos reconocer dos tipos de protocolos: los DD.HH. y los procedimientos democráticos. Van por separado porque sus dinámicas son independientes en el seno de nuestras sociedades contemporáneas.

La pregunta que flota es: ¿están nuestras discusiones y reflexiones morales dentro de estos protocolos? ¿La evidencia nos indica que las demandas por parte de los movimientos LGTB+ y trans-especie se están resolviendo por fuera del protocolo de los derechos humanos?

Hay otros ejemplos. El Estado promete avanzar en la regulación y distribución del “tiempo” dentro de los hogares. El Estado como garante y mediador/regulador de la distribución del tiempo al interior de la vida privada, que ya no lo es. Ley de Tiempo Corresponsable y antecedentes en la actual democracia española.

Mientras los anteriores asuntos parecen encaminarse por un carril diferente a todos los debates anteriores sobre justicia distributiva de fines del siglo pasado, es preciso puntualizar que “ese” carril está asentado sobre un terreno complejo, pero firme: cierta visión welfarista paternalista. Muchos analistas creen que los debates sobre género, anti-especie y trans-especie son como islotes incomunicados con la tradición welfarista, sin embargo, tenemos la impresión contraria.

Los debates sobre el Estado Niñera (Nanny State en Inglaterra) y la teoría del “empujón” (nudge) en Estados Unidos no sólo pretenden manipular las decisiones de los agentes morales, sino que además intentan hacerlo en nombre de un paternalismo liberal.

Resumen. Hasta aquí planteamos el siguiente asunto: más allá de quién es y cómo se constituye la “agencia” moral de reclamos morales, resulta interesante analizar en qué protocolo se están contrastando esas demandas. ¿Está es ciernes un nuevo tipo de protocolo? ¿Un protocolo más allá de la democracia y de los derechos humanos?

Finalmente,

4. El Estado y los pasivos (activos) tangibles intransferibles. El Estado se ha vuelto el único garante de la gestión del pasivo tangible intransferible por excelencia: la naturaleza. La cuestión de un Parlamento de la Naturaleza y la reconfiguración de los ciudadanos como post-humanos o bien como trans-humanos.

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