El movimiento de lo inmaterial

Hoy, en plena cuarentena mundial los satélites nos muestran mapas, pero no territorios. Según esos discursos, estamos quietos e inmóviles. La contracara de ello es el frenético movimiento de lo inmaterial. Lo anterior es una metáfora, un recurso narrativo que nos ayuda a conjeturar lo que se está cociendo a fuego no tan lento. Veamos.

El aislamiento masivo y global condujo a las sociedades y a la economía mundial a un apagón (shutdown) sin precedentes. Para analizarlo echaremos mano del concepto economía política del encierro, fruto de nuestra inventiva, frente a la ausencia de mejor recurso. Aun cuando esta idea retrotraiga a la tradición foucaultiana, podría ser, eventualmente, un haz de luz ante la terra incognita actual, según los marcos cognitivos a nuestra mano. 

La economía política del encierro no se contrapone a la economía política de la vigilancia, estudiada a través de la categoría y las teorías de la sociedad de la vigilancia, en diferentes registros intelectuales y científicos; es, más bien, un caso particular debajo de ese paraguas.

Mientras la economía política de la vigilancia incentiva el movimiento de las personas, la economía política del encierro, ahora, registra cómo se mueve el mundo cuando las personas están encerradas y quietas. El paradigma de la vigilancia se basa en el registro de las aspiraciones, deseos, intereses, preferencias, sentimientos, etc. que tienen y expresan los humanos; los almacena, jerarquiza y, posteriormente, los utiliza. Hasta hace pocas semanas, la economía política de la vigilancia sólo mostraba una cara de su inmenso poderío de fuego: la reconstrucción/representación de nuestro yo en formato digital. Para hacerlo, dicha corriente incentivaba el movimiento de los humanos, porque sin movimiento no había datos.

Ahora, sin embargo, se registra el movimiento del mundo a partir del encierro de los humanos.

La trazabilidad ciudadana sigue su curso, pero lo que se pone a prueba es la capacidad de los artefactos de inteligencia artificial para impulsar una economía de la atención que se ensambla desde y hacia puntos inmóviles (humanos encerrados). Ese difuso mercado de intercambio entre lo simbólico y los datos personales, sujeto a la escasez de tiempo, propia de la economía de la atención, entró en una fase experimental donde esa dimensión se transforma por los efectos de la inmovilidad.

Una economía de la atención desde el encierro para el encierro, disponible en nuestros dispositivos móviles ahora inmovilizados, resulta una oportunidad única para experimentar sobre ese viejo enigma de la humanidad. En estos días va a existir por primera vez en la historia un nuevo e inmenso conjunto de datos personales sobre las múltiples dimensiones que componen la economía de la atención en situaciones de encierro no punitivo. El valor de esos datos es inconmensurable, porque, entre otras cosas, los sistemas inteligentes se entrenarán de nueva cuenta tanto por ellos mismos como con el auxilio de los humanos que guían frenéticamente los nuevos experimentos bajo esta situación excepcional.

Esta era una fase del entrenamiento que no estaba disponible porque, hasta hace muy pocas semanas atrás, el inmenso cúmulo de datos se había construido en base a la movilidad humana. Poseer esos datos permite plantear buenas preguntas para futuros desarrollos de inteligencia artificial, además de que abre camino hacia sacar el máximo provecho a los desarrollos actuales.

Al paso, surgen preguntas pertinentes: ¿cómo salir lentamente de la cuarentena? Es decir: ¿seremos capaces de utilizar los algoritmos con eficacia, sin dejar de lado el bienestar de todos? ¿Cómo utilizar la inteligencia artificial para pasar de la inmovilidad a la movilidad? Que es lo mismo que preguntarse: ¿cómo utilizaremos la inteligencia artificial al servicio del control de los flujos (humanos), en situaciones aún por conocerse y experimentarse, ante la incertidumbre de lo venidero? 

Licenciado en Economía, Master en Ciencias Sociales y Doctor en Filosofía. Sus publicaciones recientes abordan diferentes aspectos del funcionamiento democrático, especialmente los referidos a la relación entre los resultados y la calidad democrática. Desde 2013 es investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina.

Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Docente - Investigador: Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Moreno

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