Inteligencia artificial y puestos de trabajo. ¿Innovar sin perjudicar?

Recientemente la Oficina para América Latina de la escuela de negocios del Instituto de Tecnología de Massachusetts (conocida como MIT Sloan) conjuntamente con la empresa PageGroup desarrollaron una conferencia regional sobre el futuro del trabajo. Este encuentro, donde se analizaron los efectos de la inteligencia artificial y la automatización sobre el trabajo y los puestos de trabajo, se desarrollaró en el Instituto Tomie Ohtake ( São Paulo). En ese marco, uno de los temas que preocupa a muchos es la percepción que tienen tanto los empresarios como los ciudadanos sobre cuándo entraremos en el futuro, que se supone que ya llegó. Veamos.

Según una encuesta realizada por el Boston Consulting Group y la escuela de negocios del Massachusetts Institute of Technology el 70% de los altos ejecutivos de las más importantes empresas del mundo piensan que la inteligencia artificial jugará un rol importante en la economía y en su empresa, pero, sin embargo, sólo 1 de cada 20 empresas ha adoptado la inteligencia artificial de manera significativa. Es decir que aunque los directivos de las empresas son optimistas sobre el uso futuro de la inteligencia artificial, aún les queda un largo camino que recorrer. 

Mckinsey Global Institute estima que el potencial de automatización es de por lo menos el 30% de las actividades y aplica al 60% de las profesiones actuales. Uno de los roles que está en la mira de las empresas es la atención al público y las ventas minoristas. No resulta exagerado afirmar que las empresas, en el corto plazo, apostarán en grande en esa línea de innovación. 

Ahora bien, miremos este fenómeno desde la perspectiva de los ciudadanos latinoamericanos. Según datos de Latinobarómetro, el 69% de los latinoamericanos encuestados durante 2018 (18 países en total) consideran que la tecnología es beneficiosa para su empleo o lugar de trabajo. El 43,2% de los latinoamericanos encuestados no cree que los robots le quiten el puesto de trabajo en lo inmediato. Sólo un 15,7% percibe que quizá los robots lo desplacen en los próximos cinco años. Un 30% estima que quizá dentro de 10 años los robots pongan en peligro su puesto de trabajo. La percepción ciudadana indica que el futuro es lejano, y no resulta inquietante.

Así pues, se observa que entre empresarios y ciudadanos se abre una brecha perceptiva y cognitiva sobre cuándo llegará el mañana. Los empresarios, y dirigentes en general, perciben que ya están viviendo el futuro de la robotización; los ciudadanos latinoamericanos, en cambio, creen que hay mucho tiempo por delante. Esta brecha coloca a los políticos latinoamericanos en una encrucijada: si se ponen del lado de los empresarios, y aplican políticas que favorezcan la implementación de IA en el trabajo,  posiblemente pierdan elecciones: sólo un 7,4% de los latinoamericanos encuestados está de acuerdo en reemplazar a humanos por robots por cuestiones de costos y productividad, y la mitad está de acuerdo en ponerle límites a la sustitución de humanos por robots, aunque éstos resulten más eficientes. 

Pero si los políticos se ponen del lado de los ciudadanos, probablemente, se conviertan en responsables de una futura catástrofe: estancamiento económico, pérdida de competitividad, mayores pérdidas de empleo, más un largo etcétera. En este escenario, la clase política de América Latina tiene la responsabilidad de ahuecar el tiempo presente y caminar el sinuoso sendero que conduzca a implementar políticas públicas a favor de la innovación y la competencia (pues no se puede tapar el sol con la mano) sin dejar de preservar el bienestar material de los ciudadanos y la justicia distributiva. No es nada fácil, pero como reza el dicho renacentista en su virtud descansa su gloria

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