¿La muerte de la democracia? ¿Agoreros o realistas?

Metáforas necrológicas en torno a la democracia.

En estos últimos años se han publicado valiosos trabajos académicos que van un paso más allá del siempre remanido asunto de la “crisis democrática”. Muchos apelan a una metáfora necrológica: la “muerte de la democracia”. La “muerte de la democracia” no necesariamente apunta a la muerte de las democracias (en plural), pero sí nos invitan a reflexionar sobre su ciclo vital, a adentrarnos en su ciclo biológico, quizá a su envejecimiento o agotamiento. Bajo el lema nietzscheano lo que no crece muere estas preocupaciones parecen poner el foco, como trataremos de ver, en dos asuntos relevantes, pero radicalmente diferentes.

La democracia es un régimen de gobierno. Los regímenes de gobierno nacen, pero también desaparecen. Analizar y reflexionar sobre ese ciclo vital (vida-muerte) ha sido una tarea inicial de la filosofía política, más tarde constituyó un terreno propio del pensamiento político. La ciencia política, por otra parte, se embarcó en el desafío de comprenderlo. Para comprender y explicar este asunto la ciencia política ha tenido que enfrentar las siguientes preguntas: ¿Cómo estamos seguros que una democracia dejó de ser democrática? ¿Cuándo una democracia ya es otra cosa? Y se han abierto dos escenarios: el quiebre democrático (muerte prematura, podríamos decir, siguiendo con las metáforas biológicas) o los retrocesos (enfermedades, siguiendo con las analogias vitales). Sin embargo, la pregunta de cómo desaparecen las democracias siempre llega o, mejor dicho, retorna para cada generación política. Y para nosotros, en estos momentos, parece haber llegado de la mano de la idea de un envejecimiento, una agonía lenta y persistente. ¿Es así? ¿Qué videncia existe para reflexionar en esos términos?

En este episodio de Erizo Podcast queremos abordar la siguiente pregunta: ¿Cómo se relaciona el “agotamiento/envejecimiento” con las preocupaciones sobre los retrocesos, estancamiento, declives, etc.?

En años recientes la agenda de la ciencia política encargada de estudiar los funcionamientos democráticos ha comenzado a encender luces de alerta sobre el “estado de la democracia” y para ello utiliza adjetivos tales como “erosión”, “declive”, “retroceso”, “estancamiento”, dando cuenta así que la democracia está inserta en cierto proceso des-democratizador (de-democratization). En la ya abundante literatura no siempre queda claro si el proceso des-democratizador se refiere a: a) un declive del ethos democrático, b) un retroceso de la ola democratizadora en el conjunto de la sociedades mundiales, o c) si se refiere al (mal) funcionamiento de democracias específicas, o bien d) a una combinación de los anteriores niveles de análisis.

Democratización, gradiente, que implica des-democratización. Avance y retroceso. Pero el asunto medular es cuándo podemos calificar a un retroceso como una marca de peligro. Que tipo de retrocesos son alarmantes y cuáles no. Y, ¿cuáles de esos retrocesos tienen o guardan alguna relación con el asunto del “envejecimiento”?

Licenciado en Economía, Master en Ciencias Sociales y Doctor en Filosofía. Sus publicaciones recientes abordan diferentes aspectos del funcionamiento democrático, especialmente los referidos a la relación entre los resultados y la calidad democrática. Desde 2013 es investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina.

Politólogo. Dr. en Ciencias Sociales por la FLACSO Sede México. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, sus líneas de trabajo versan sobre: Comportamiento político, opinión pública y comunicación política.

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